¡Ooooohhhh! Primer día de vacaciones oropesinas, hay que ver, se desplaza una aquí y es como si la holgazanería y la vagancia -por no hablar de las ganas de comer y beber - se apoderaran de mi como la canción del verano, que dicho sea de paso no se cual es, pero pienso descubrirlo este viernes con la princesa de las demandas. Todavía no he tenido tiempo de acercarme a la playa, pienso hacerlo en cuanto acabe lo que me tiene ocupada, por allí andan Sara y mamá desde hace un buen rato.
Este verano es especial, mi cocolisa ha acabado el primer curso de biotecnología en la universidad con buenas notas -como no podía ser de otro modo porque es la más trabajadora del mundo mundial- y una morenilla británica ha instalado el campamento base en Villa Morte para pasar con nosotros todo el verano. Siempre está sonriendo, y hace un ruidito cuando habla muy particular, cada día más gracioso. Y aquí estamos, todos de sarao veraniego. Acabamos de llegar y ya hemos descorchado la primera botella de cava, ¡esto promete!
martes, 16 de julio de 2013
lunes, 24 de diciembre de 2012
un adiós difícil
Hoy es una de las muchas tardes que he intentado escribir, y siempre que me siento ante el blog pienso: "No voy a hablar de mi abuela, los pocos que me leen dejarán de hacerlo." Pero cuando empiezo, sólo me apetece escribir sobre el día que se marchó y al resultarme tan triste, apago el ordenador y a otra cosa. Y así van pasando los días y la historia se repite, de modo que voy a narrar que sentí y que ocurrió durante aquellos días y con ello, voy a intentar cerrar una puerta que me ayude a seguir adelante:
"Era domingo y como cada tarde fuimos a verla, con la diferencia de que la habíamos visitado todos los días de la semana anterior -que dicho sea de paso, no lo hacíamos nunca-, e incluso el sábado a medio día estuve dándole unas cucharadas de papilla de cereales de la que conseguí que se comiera solo un par. Ya aquel sábado casi no me miraba y cuando lo hacía su mirada estaba perdida, entreabriendo la boca ya sin dentadura sin soltarse de mi mano hasta que se reclinó y se quedó dormida. Aquel domingo al verme sonrió como si me reconociera. Recuerdo que no atendía a razones, no dejaba de colocarse de pie e intentaba caminar hasta que quedaba exhausta y agotada, momento en el que volvía a sentarse para reponer fuerzas y de nuevo volver a empezar, y así millones de veces.
Recuerdo que Oscar y yo la llevábamos desde su butaca hasta la salita, allí dando la vuelta a la mesa seguíamos pasillo a dentro, mientras le recordábamos quieren éramos y le repetíamos entre besos cuanto la queríamos. Cuando apenas pudo respirar yo la aguanté abrazada y Oscar corrió a por la silla de ruedas para regresarla a su butaca color albero. Ya aquel día supimos que nos iba a dejar en breve, pero no hablamos sobre ello.
Al día siguiente me acerqué para explicarle que el martes debían colocarme un implante dental a primera hora de la mañana y que me habían recomendado reposo durante 24 horas, de modo que no iba a volver a visitarla hasta el miércoles....y no se si usted me entendió. Yo no estuve el martes con usted abuela, yo no estuve el último día de su vida. Y créame que lo siento.
Eran escasamente las diez de la mañana del miércoles cuando llamó mamá para decirme que había ido a buscar a la doctora, pues la tía no le había visto buen color de cara, y mientras hablaba con ella, un pitido me advertía de que alguien quería comunicarse conmigo. Tras tranquilizarla, colgué el teléfono que sonó de inmediato. Era la tía, quien me informó con voz llorosa y entrecortada que usted ya había fallecido. Sentí tanto desconsuelo que no pude llorar. Estuve sentada casi diez minutos catatónica. Entonces pensé en mamá, ella iba hacia allí con la doctora, y de un respingo corrí hacia la ducha. Sabía que debía acompañarla a lo que fuera menester con independencia de mi implante, mi dolor y mi hinchazón de cara. Y casi sin darme cuenta allí estaba, escogiendo la caja donde meterla -ahora se llevan mate-, y así la escogimos. La dependienta hablaba con soltura y con actitud pizpireta, y yo trataba de hacerme la fuerte tomando decisiones para aliviar a mamá.
Después fuimos a casa, y allí estaba, acostada sobre la cama, pero ya no parecía usted, estaba como amarilla y fría, y una señora había instalado un campamento base frente a su cama y permanecía expectante con cada uno de los que entrábamos en aquella habitación - lo cierto es que solo le faltaban las pipas-, y no se movió a pesar de las caras de incredulidad de todos nosotros. ¿Sabe qué? Vi llorar a Salva, eso sabe usted que no es habitual...todo el mundo estaba muy triste..., como usted los últimos años.
Y ya han pasado más de tres meses de todo aquello, y supongo que todos, pero que yo sepa a ciencia cierta, Oscar y yo, preferimos no pensar, porque cuando nos paramos y nos cercioramos de que usted ya no está entre nosotros, es inevitable recordar... que ningún guiso sabrá como los que usted hacía, que nadie se atreverá a jalmarnos cuando nos portemos mal con la gracia que usted lo hacía, que ya no volveremos a escuchar de su voz historias de toros que saltan ribazos y se comen las coles de un solo bocado, que nadie más se inventará los cuentos de "Peret i Pereta" para hacernos dormir, que ya no volveremos a probar los mejores buñuelos, panquemaos y rollos de huevo y que aunque nos esforcemos en elaborarlos como usted nos enseñó... ya nunca sabrán igual, y ¿sabe por qué? porque era usted con su compañía quien los hacía especiales, que este año no podremos sentarnos con usted en Navidad ni felicitarla por Año Nuevo y lo más importante, que ya no podremos decirle todo lo que la queremos y recibir de usted aquellos abrazos que todo lo curaban...y eso duele tanto, que la única Mercromina curadora es pensar, que usted se quiso marchar y así lo hizo, porque estaba cansada de vivir, cansada de echar de menos a la persona con la que decidió compartir su vida y tranquila, pues nada puede ser más tranquilizador que haber dado a las personas que más quieres lo mejor de ti y que éstas hayan sido conscientes de que así era.
Y bien, ahora vamos algún domingo a verla...pero ya nada es igual."
D.E.P
Después fuimos a casa, y allí estaba, acostada sobre la cama, pero ya no parecía usted, estaba como amarilla y fría, y una señora había instalado un campamento base frente a su cama y permanecía expectante con cada uno de los que entrábamos en aquella habitación - lo cierto es que solo le faltaban las pipas-, y no se movió a pesar de las caras de incredulidad de todos nosotros. ¿Sabe qué? Vi llorar a Salva, eso sabe usted que no es habitual...todo el mundo estaba muy triste..., como usted los últimos años.
Y ya han pasado más de tres meses de todo aquello, y supongo que todos, pero que yo sepa a ciencia cierta, Oscar y yo, preferimos no pensar, porque cuando nos paramos y nos cercioramos de que usted ya no está entre nosotros, es inevitable recordar... que ningún guiso sabrá como los que usted hacía, que nadie se atreverá a jalmarnos cuando nos portemos mal con la gracia que usted lo hacía, que ya no volveremos a escuchar de su voz historias de toros que saltan ribazos y se comen las coles de un solo bocado, que nadie más se inventará los cuentos de "Peret i Pereta" para hacernos dormir, que ya no volveremos a probar los mejores buñuelos, panquemaos y rollos de huevo y que aunque nos esforcemos en elaborarlos como usted nos enseñó... ya nunca sabrán igual, y ¿sabe por qué? porque era usted con su compañía quien los hacía especiales, que este año no podremos sentarnos con usted en Navidad ni felicitarla por Año Nuevo y lo más importante, que ya no podremos decirle todo lo que la queremos y recibir de usted aquellos abrazos que todo lo curaban...y eso duele tanto, que la única Mercromina curadora es pensar, que usted se quiso marchar y así lo hizo, porque estaba cansada de vivir, cansada de echar de menos a la persona con la que decidió compartir su vida y tranquila, pues nada puede ser más tranquilizador que haber dado a las personas que más quieres lo mejor de ti y que éstas hayan sido conscientes de que así era.
Y bien, ahora vamos algún domingo a verla...pero ya nada es igual."
D.E.P
jueves, 30 de agosto de 2012
Consuelo
Hoy he vuelto a verla. Estaba sentada junto a la ventana. Me gustaría recordarla así, junto a la ventana, viendo pasar la vida sin hacer demasiado ruido. Está más enclenque que de costumbre a causa de una brusca pérdida de peso y lleva las uñas pintadas de color carmín un poco desconchadas, porque ya hace tiempo que se las pinté. Hay que ver abuela, ha trabajado siempre tanto que nunca ha podido llevar las uñas perfectas, ha tenido que esperar hasta los ochenta y tantos para poder ser presumida...
La tía me ha comentado que ya no quiere comer y que ayer no llegó a tiempo hasta el baño, no debería preocuparse, a todos nos ha ocurrido alguna vez, y en muchas de esas ocasiones, estaba usted para solventar el problema . Ha levantado la cabeza y me ha reconocido, lo se, aunque no haya querido decir mi nombre a pesar de la insistencia. Usted siempre me dijo que ambas teníamos las manos calientes, y que eso era bueno para hacer pan, pero hoy las suyas estaban heladas y buscaban el cobijo de las mías a las que agarraba fuerte. Le he preguntado varias veces como se encuentra y con un "hilillo" de voz que es solo la sombra de lo que queda de quien mandaba a diestro y siniestro, me ha confesado con la mirada perdida, que tiene miedo. Me han comentado también que ayer se escapó para venir a buscarme, y aunque cada día que voy a verla hago un esfuerzo sobre humano para no llorar hasta que salgo de su casa, hoy la he abrazado y hemos llorado las dos, y sabe por qué...porque yo también he sentido miedo de no poder volver a abrazarla y seguir diciéndole que la quiero.
viernes, 20 de julio de 2012
inicio de periodo vacacional (que no de vacaciones)
Me concentro en hacer innumerables "gorritangas", una encima de la otra hasta conseguir un castillo de 300 torres con un foso para cocodrilos y algas peligrosas. Debo llevar...no se, más de dos horas hasta que oigo una voz que grita aterrorizada: "ola graaaadeeee", y yo, que en toda la tarde he tenido que escuchar unas 1500 veces el mismo reclamo, no me molesto ni en mirar atrás.
De repente, una ola me sorprende y me desplaza medio metro, dejándome perpleja mientras observo que mi obra de arte se espachurra pasando a ser una inmensa trampa para los paseantes playeros. Yo, miro el Cartier y son las 7 de la tarde. Mis hijos me miran mientras en sus ojos puede leerse a modo de "autocue": "por favor, no vuelvas a empezar de nuevo", solo ellos y "mon mari" saben lo tozuda que puedo llegar a ser, así que me levanto y tras retirarme media playa de dentro de la braguita del bikini (que no tanga porque una ya no tiene el cuerpo para eso), me sumerjo cogida de la mano de mis hijos en "la mar salada", nombre que utiliza curiosamente mi hija, de manera habitual, para referirse al mar y nos adentramos plácidamente.
La tranquilidad se esfuma en la primera ola que arrolla literalmente a mi príncipe, arrancándole el bañador de cuajo y dejando al descubierto un culete refulgente al que le sigue una cara de pánico y un llanto descontrolado. Al otro lado, mi princesa intenta mantenerse de pie mientras se sube el biquini y yo repaso que todas mis prendas se encuentren en su lugar mientras maldigo a Poseidón y a toda su familia.
Bueno, así han comenzado mis vacaciones, con tardes de playa, noches de Grey y ratos de Apalabrados. ¿Un poco rara? Quizá, pero eso si, muy muy feliz.
sábado, 9 de junio de 2012
jardín
Por aquí estoy, sábado por la mañana. Los niños están en el sofá contiguo comiéndose un sandwich para desayunar desde hace más de 40 minutos. Los sanwidches ya se sabe que son como la pechuga de pollo reseca...son creadores de bolas enormes de boca que precisan un lento masticado y consiguiente engullimiento lento, casi como el de las boas. ¡Ahh! Y beberse un Actimel sabor fresa-plátano de los de las caseimunitas, que claro como tiene tres mil mililitros de fluido, pues a mis hijos les cuesta...pobrecitos.
Y yo, estoy planificando bajar a acabar de cortar el césped del jardín de abajo. Lo cierto es que hace un par de días ya me puse en el tema, pero corté césped y cable de la maquina corta césped, lo que provocó que la máquina dejara de funcionar de manera fulminante. Yo, aterrorizada comprobaba si seguía viva o era mi espíritu electrocutado quien trataba de hablar con los niños.
Pero al comentárselo a los ingenieros y electricistas que complementan mi vida me dijeron: " ¿pero que dices? Si cortas un cable con masa y dos fases y el corte se produce en un punto intermedio del termostato y el de un diferencial que se llame Marisol o Mariola (no lo recuerdo)...es imposible electrocutarse, a lo sumo, dejar a medio planeta sin luz", y yo: "Ah, claaaroo". Bueno, no os lo cojais al pie de la letra, tengo una vecina que se llama Marisol, igual se referían a ella y yo no les estaba prestando toda la atención que el tema requería.
En fin, os dejo que las "tijeretas" jardineras, están comenzando a hacer cánticos para que baje a amenizarlas con mi destreza al mando de los cientos de instrumentos jardineros que habitan mi hogar y los gritos de "¿os habéis acabado el sandwich?" . Espero que para entonces no sea ya de noche. Un saludín.
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