"Todavía me invade el aroma a calabaza y manzanas asadas de las tardes de otoño en la memoria, así como el recuerdo de su cabeza nublada, cubierta de una cima de algodón y aquella mirada inocente...perdida, que le dibujaba la morfina. He buscado innumerables recursos para olvidar su sufrimiento, pero han devenido inútiles, al igual que mis intentos por encontrar al abuelo en el cementerio y depositarla junto a él. Finalmente, he caminado hasta el puente donde ustedes se comprometieron y he lanzado sus cenizas. Abuela, solo una cosa...si puede hablar con él, dígale que conseguí, tras mucho empeño, encontrar su cuerpo en la cuneta de aquella carretera cercana a la iglesia y, ante todo, dígale, que me hubiese gustado conocerle."
domingo, 21 de noviembre de 2010
memoriam avi
Microrrelato presentado por la que suscribe al concurso de microrrelatos de Mutualidad de la Abogacia, habiendo utilizado las palabras: nublado, puente, inocente, recurso y calabaza.
domingo, 17 de octubre de 2010
me siento bonita
Andaba yo esta mañana por la terraza de casa mis padres con mis aires de teatrera, cantando y bailando "I feel pretty" mientras papá me seguía la tonadilla silbando, cuando de repente, mi hermana me ha mirado y sin mediar palabra, se ha echado a reír.
Ella .-¿Se puede saber que cantas?.
sábado, 16 de octubre de 2010
airet de fira
El jardín se viene acurrucando como cada otoño, y el liquidambar y el arce vuelven a encenderse. En casa, regresa el aroma de castañas asadas y de la ceniza caliente de la chimenea. Mon mari ya lleva un par de semanas con calcetines gruesos y la alfombra volvió de las vacaciones estivales en el tinte, ayer tarde. Y lo cierto es que por las mañanas uno ya necesita alguna que otra chaqueta, por mucho que Carmen se empeñe en que el calor es sofocante...Cuando el lunes por la mañana venga a casa y se encuentre con el nórdico, que sin más demora voy cambiar por la fría colcha de verano mañana mismo, le va a dar un pasmo.
Y es que como suele decirse en mi pueblo, ya está aquí el "airet de fira" . Es un aire que, a primera hora de la mañana y última de la noche, te congela. Y matizo, de fira porque "la Fira" (fiestas) se celebra la tercera semana de octubre salvo que la cuarta caiga entera en el mes de octubre, como en el año en el que estamos, pues si ésto ocurre, las fiestas son la última. Por contra a lo que debiera uno hacer para cubrirse del frío, es costumbre generalizada, por parte de féminas y machos, llevar una vestimenta semiveraniega que roza lo "kitsch" .Para quien no lo haya visto nunca, es una manera de combinar los colores y los atuendos con el ánimo de anular por completo cualquier ápice de feminidad o virilidad. Incluso hay jóvenes que como con las guisas, no se ven del todo desfavorecidos, se cortan el pelo con crestas y las pintan de colores o se colocan gorros de bufón con cascabeles... aquí, todo vale. Me consta que existen individuos que se visten el primer viernes y no vuelven ha hacerlo hasta la traca de final de fiestas, 9 días después. Ni que decir tiene, que en mi casa no sigue nadie estas tendencias, aunque las hayan seguido en otros tiempos.
Sin ir más lejos, hoy mismo es la presentación de la Reina de Fiestas, el lunes el montaje de cadafales y a partir del viernes, la jarana y el jolgorio sin fin durante 9 días consecutivos. Y lo cierto es que, me encanta la idea: las cervezas, las jalándrias, las tardes de toros, la procesión del domingo, el teatro, las exposiciones, los vinos, los recuerdos y la añoranza de haber sido adolescente, las orquestas, los casales, el olor a bebida derramada, la pólvora, el olor a las ceras quemadas del embolado, la cuerda de la que nunca se tira bastante, el ruido, el chocolate del Sibarit, el castillo de final de fiestas y la esperanza de volver a vivirlas y disfrutarlas de nuevo con cada otoño.
lunes, 20 de septiembre de 2010
los madriles
Cuando la pricesa de las demandas me comentó la posibilidad de marchar con ella a la capital, pensé: no puedo, el trabajo, los hijos, los comentarios...pero cinco días después allí estábamos...iba a decir que allí estábamos esperando al tren en el andén , pero más bien el tren nos esperaba a nosotras, poco después de que un trago de cocacola me saliera literalmente por las narices tras un comentario poco afortunado y el consecuente ataque de risa. Tras cuatro horas y media sentada y cuando ya tenía la sensación de tener el culo cuadrado, llegamos a Atocha...la estación de las palmeras, palmeras que no encontrábamos y de las que a poco acabamos recogiendo dátiles encaramadas a las copas.
Mal presagio, del que no me percaté hasta una hora después, debió ser el hecho de no aclararnos a salir de la estación a la primera de cambio, pero la guinda del pastel fue el no encontrar el hotel donde nos hospedábamos y que supuéstamente se encontraba a 200 metros, hasta haber caminado 3 kilómetros y 3 cuartos de hora. Y yo, que el cabreo en estos casos está asegurado, decidí cambiarlo por la creación de endorfinas a lo bestia...tanto me reí que apunto estuvo un ciclista de atropellarme y el recepcionista del hotel debió pensar que andábamos completamente colocadas. Pero, el colofón final del despiporre llegó al entrar en la habitación y comprobar que la ducha estaba en el centro de la habitación, y era...completamente transparente. No voy ha hacer ningún comentario al respecto, solo que ya no hay secretos entre mi mantra y yo...
Y... corriendo al teatro y tras éste, a la cena con Susana, una rubita escuálida que me hace reír con cada comentario, me deja la espalda siempre preparada para la guerra y por la que siento un especial cariño. Los pinchos, las cervezas, el argentino, las hierbas variadas, las flores frescas,las sillas color añil, el Río Miño y O´ Portiño, y el paseo hasta plaza España me remataron, dejándome sin fuerzas para aterrorizarme por la tormenta que se acercaba hasta nuestra ventana del hotel.
A la mañana siguiente, consigna de maletas, desayuno completo con invitación de café, juicio de familia, pérdida dentro del Meliá Plaza Castilla (por si no ha quedado claro, el sentido de la orientación no es mi fuerte) y el paseo por Serrano. Comida en restaurante Oter, donde me salté la dieta con pértiga y... la vuelta. Vuelta que nos amenizaron unos militares que venían de no se donde y, que sin los mismos y con cobertura, no hubiese sido lo mismo.
Para acabar, hacerle saber a mi mantra particular que es un placer viajar a su lado, agradecerle la complicidad infinita y comunicarle el deseo de poder compartir, muchos viajes y vivencias más.
martes, 14 de septiembre de 2010
orgullosa de mi hermana (I)
Hace 16 veranos y poco que mamá llegó a casa llorando tras una visita al ginecólogo. El corazón se me encogió al pensar que le habían detectado algún tumor irreparable y debían intervenir de inmediato, pero no, 5 meses después estábamos en la Clínica Santa Teresa, un 4 de enero de 1994. Eran las cuatro de la tarde cuando se llevaron a mamá asustada al quirófano y tu volviste en los brazos de una enfermera cinco minutos después...eras la niña más bonita que jamás había visto. No voy a entrar en quién de cogió primero y quién después, pero me da que alguien de los presentes sobraba...y voy a dejar lo ahí. La estancia de mamá en la clínica fue corta y, recuerdo que comíamos en un Chino que hacía tapas y bocadillos en una calle cercana. El primer día fue todo un "show", el papá aguantaba uno de los brazos de mamá para que no lo moviera y yo le sostenía el otro para que no se arrancase el gotero, cuando, de repente una enfermera entró dando las buenas tardes y, sin pensarlo retiró la sábana que cubría el cuerpo de mamá dejando al descubierto las gasas ensangrentadas que tapaban la herida...y....¡saaanngreee!, ninguno de los dos dijo nada pero, nos miramos y...¡el último mariquita!, papá se encerró en el baño y yo saqué la cabeza por la ventana. ¿Sabes que el abuelo Patri tampoco resistía la sangre?, tú debes haber salido un poco Albelda en ese sentido.
Regresamos todos a casa contigo y allí empezó la fiesta. El primer día se le antojó a la mamá zumo de naranja recién exprimido así que bajé a por naranjas y papá lo preparó, yo no sé la cantidad que ingirió, pero la suficiente para agriar la leche que tu te bebiste poco después...menudo desastre, lloraste casi tres horas seguidas...Por aquel entonces no teníamos calefacción en casa y la chimenea permanecía encendida día y noche...todo para que no te enfriaras. Pasó el tiempo y te convertiste en una muñeca de porcelana con un cabello rubio y rizado, propio de las niñas de catálogo. Cada noche nos acostábamos en la cama de mamá y saltábamos viendo el "canta, canta"...todo funcionó bien, hasta que una noche decidí meterme en tu cuna contigo y los laterales de la misma salieron disparados cayendo ambas al suelo. Todavía veo tu cara de terror y no puedo evitar reírme...papá entró, y al ver lo que había ocurrido, se dirigió a mi con cara asesina y...se atacó de la risa.
Pero... un mes de diciembre se nos paró el tiempo, una infección en la sangre recomendó el ingreso en el General y allí estabas tu, tan pequeña. La noche del ingreso salí con el que por aquel entonces era mi pareja y al regresar a casa, vi al Papá llorar. Aquella fue la única vez, ni siquiera cuando murió la abuela vi lágrima alguna. Recuerdo la habitación de hospital adornada con todos tus muñecos de peluche de Barrio Sésamo, fueron 8 días interminables...con gorritangas de los pies incluidas.
Creciste y te convertiste en una niña tímida y gordita de la que apenas tengo referencias...porque te abandoné. ¿Y sabes qué? Cuando regresé llorando con mi maleta cinco años después, te recostaste en aquella cama prestada y acariciándome el pelo me dijiste " Teta, no te preocupes, no llorés que yo te cuidaré"...no pienso olvidar aquello jamás.
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